1 de mayo de 2010

Antónimos

Las ideologías de la mediocridad, con la religión como principal estandarte, califican al orgullo como uno de los pecados -defectos, origen del resentimiento que les es tan caro- más graves, anteponiéndole la virtud correspondiente, la modestia. En realidad, lo contrario del orgullo no es ese celestial desprendimiento, inútil al ser humano tanto individualmente al igual que como especie, si no la hipocresía, paradigma fundamental de las ideologías que cimentan sus doctrinas en la trasnochada duplicidad platónica.

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