24 de enero de 2010

La utilidad del oído

Los admirados maestros de la sofística, aquejados crónicamente de una incurable incontinencia verbal, atribuyen la incomunicación al hecho de que no se hable. Si pudieran contener por un instante sus verbodiarreicos soliloquios, tal vez alcanzarían a darse cuenta de que el origen de la incomunicación no es que no se hable si no que no se escuche.
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