19 de diciembre de 2009

Las vestiduras rasgadas

La capacidad de escandalizarse ante las opiniones adversas no tiene, como parecería, tanto que ver con la naturaleza irreverente de esas opiniones, como con la mediocridad del individuo escandalizado; casi me atrevería a afirmar que ambas cuestiones están relacionadas en proporción directa: a mayor mediocridad, mayor escándalo. El aprovechamiento jocoso de esas opiniones contrarias a las nuestras, el hecho de que nos diviertan, en cambio, son una reacción al alcance de unos pocos.
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