1 de junio de 2009

Uno, dos, tres, cuatro...

Debería exigirse a todos aquellos que se se sienten capacitados para emitir una opinión un mínimo conocimiento de aquello acerca de lo que opinan. En el caso de que su intervención no se limite a una opinión, si no que consista en una crítica o una descalificación, su grado de conocimiento debería ser aun más completo. Por ejemplo, demasiados profetas, ideológos o iluminados se atreven a aborrecer el lenguaje sistematizado de la ciencia solamente aguijoneados por su interés y para que sus alucinaciones no se puedan rebatir, cuando lo primero que deberían es aprender a contar.
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