31 de diciembre de 2008

La promesa

Nunca se debe prometer más de lo que se puede cumplir.
Nunca se debe prometer más de lo que estamos dispuestos a cumplir.
Nunca se debe prometer.
Nada.
Ni siquiera a nosotros mismos. Sobre todo a nosotros mismos.

30 de diciembre de 2008

La grandeur

El spleen es la mayor aportación de Francia a la comprensión de la condición humana.

28 de diciembre de 2008

La disyuntiva

Las personas con talento no pueden ser felices.
Las personas felices no pueden tener talento.
Todo en orden, pues.

27 de diciembre de 2008

La adhesión

Tomar partido por alguien es una estupidez, una renuncia a la libertad individual. Qué diferente es, en cambio, tomar partido contra alguien.

25 de diciembre de 2008

Desafortunado

“El peor infortunio para un gran hombre es la admiración de los imbéciles”.
Léon Bloy.

23 de diciembre de 2008

El reduccionismo

El creyente siempre argumentará que la razón no es suficiente para entender la complejidad del mundo; mediante esta pseudo-argumentación acusa al racionalista de un indeseable sesgo reduccionista. Qué extraño, en cambio, que ese mismo creyente no considere reduccionista explicar el mundo a través de la fe.

22 de diciembre de 2008

La felicidad de los idiotas

Uno de los motivos por los que los idiotas crecen, se multiplican y pueblan la tierra es que son felices. Y lo son porque su idiotez les impide comprender a quien se mofa de ellos; inmersos en el pozo de su demencia, lo que se dice contra ellos les halaga y les confirma.

20 de diciembre de 2008

La guía

Ante la disyuntiva entre "hacer lo que podemos" y "hacer lo que debemos", siempre deberíamos decidir "hacer lo que queremos".

18 de diciembre de 2008

Árbol de humo

Árbol de humo. Denis Johnson

"Esto no es una guerra, es una enfermedad".

Heredero de una antigua tradición de literatura bélica que podría remontarse a los griegos clásicos, Johnson sitúa la acción de Árbol de humo en el entorno de la guerra del Vietnam, aunque no se trata en este caso de una crónica bélica al uso, no hay descripciones de grandes batallas ni de grandes movimientos de ejércitos, nada que ver con los dioramas literarios ni con las sutilidades de la estrategia: el campo de juego es el ser humano, y la novela se limita a explorar la condición humana del soldado: mediante el seguimiento de unos pocos protagonistas a través del tiempo, desde los primeros 60 hasta finales de los 70, con una coda en los prolegómenos del cambio de siglo; y del espacio, desde los desolados paisajes de la rural América profunda hasta los cuarteles generales del ejército de ocupación, desde la playa recién conquistada hasta el campamento infiltrado en territorio del Vietcong; en definitiva, un tratado acerca de cómo la guerra transforma al hombre en depredador. Si, como dice el narrador, "la victoria final se compondrá de muchas derrotas", Árbol de humo es el relato frío, detallado y radical de cada una de esas derrotas; no en el plano bélico, sino en el humano.

Las guerras estimulan extrañas camaraderías... Es curioso que los hombres, puestos en una situación límite en la que está en juego su propia supervivencia, bajo unas relaciones reglamentadas hasta la saciedad, y en la que a menudo la separación entre la vida y la muerte es un segundo o un milímetro, lleguen a obviar los grados y la jerarquía. Tal vez ello sea debido a que esa camaradería no es provocada ni tan solo por una supuesta comunión de objetivos, sino que se trate más bien de una especie de camaradería de la desolación, que se alcanza cuando se comprende que la guerra no hace mejores a los hombres que participan en ella, por muy legítimo que se considere el objetivo -tal como suponíamos, expresiones como "guerra humanitaria" no agotan su carácter oximorónico en el terreno lingüístico, se trata de inmensos oxímoron conceptuales-; al contrario, saca a relucir sus peores instintos: la supervivencia no es un juego, en la guerre comme en la guerre.

La figura del perdedor es, en definitiva, la que adquiere el único protagonismo, y no precisamente porque su papel sea más literario: las guerras las ganan, si es que cabe hablar de vencedores en una competición que se basa en qué bando tiene menos bajas, las naciones, pero las pierden los hombres: uno de los bandos resulta vencedor y acaba subyugando al otro pero, individualmente, todos los soldados –esos hombres que “siempre que miran atrás ven a alguien llorar”- resultan perdedores

El vencedor no es, pues, el que derrota al supuesto enemigo, sino el que consigue derrotar al miedo. La verdadera conquista no consiste en expandirse en el territorio ni en eliminar al otro, sino que es el resultado de la cantidad de miedo que un bando es capaz de infundir en el otro. Y de la cantidad de humanidad que uno es capaz de mantener; no se trata tanto de sobrevivir a los ataques del enemigo como de mantener la sanidad mental. Como dice un soldado: "Yo empecé con un deseo ardiente de freírles la mente. Y ahora me paso el día intentando evitar que me explote la mente a mí."


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16 de diciembre de 2008

La cocina

Si la ciencia ha ido supliendo, paulatina e inexorablemente, las explicaciones que correspondieron a la magia y a la religión, y lo ha hecho de manera efectiva, y ha ido otorgando nombre y apellido humano a la naturaleza, ¿por qué razón asistimos a un regreso del oscurantismo? ¿Tal vez no somos capaces de soportar nuestra insignificantibilidad? ¿O es que el saber objetivo, al no ser manipulable, no interesa a los que siempre han tenido en su poder los mangos de toda la variedad de sartenes?

15 de diciembre de 2008

El egoísmo egoísta

El individualismo es un rasgo que puede manifestarse a favor de uno mismo o en contra del egoísmo de los demás. El egoísmo, de igual modo, puede revestirse del mismo doble carácter; en todo caso, deberíamos usar sólo nuestra vara de medir, no fuera que acabáramos haciendo caso a aquellos que, acusándonos de egoístas, exigen nuestra dedicación altruista como si fuera una obligación.

13 de diciembre de 2008

La catástrofe

No comparto el ideario catastrofista de los voceros que anuncian la demolición de la sociedad occidental. Sí que pienso que nos encontramos en un momento de cambio, pero no es debido a que la civilización occidental haya llegado al punto de saturación, sino que la decadencia se debe al rebrote de las ideologías que sitúan la emoción por encima del sentimiento, el sentimiento por encima de las ideas, y las ideas por encima de la razón; y que mantienen por debajo, aplastado por el peso de todo ello, al ser humano.

11 de diciembre de 2008

De aquellos polvos...

Apuesto decididamente por el individualismo porque entre opiniones personales es mucho más fácil el diálogo que entre opiniones colectivas o mediante persona interpuesta. La voluntad colectiva tiene la tendencia a impermeabilizarse, a encerrarse en sí misma, y contiene invariablemente el germen del totalitarismo: cuando varios individuos se deciden a apoyar la misma idea, aparte de desechar cualquier otra opinión en aras de la homogeneidad del grupo, reprimirán toda opinión disidente incluso fuera del propio grupo y tenderán a eliminar las diferencias. La consecuencia será una ideología totalitaria y homogeneizadora.

10 de diciembre de 2008

El fraude

Todos nos hemos sentido defraudados alguna vez cuando hemos descubierto las contradicciones entre lo que alguien dice o dice que piensa y lo que es y hace en realidad. Cómo no iban a defraudarnos también las ideologías cuando, por definición, son artefactos teóricos cuyo único uso es explotar, en beneficio propio, esa contradicción.

8 de diciembre de 2008

La significación

“Provocador”, hermosa palabra que adquiere su significado pleno cuando es pronunciada por la ideología para descalificar a quien no subscribe sus consignas.

6 de diciembre de 2008

El mito decodificado

La remisión de la explicación al plano mítico no es indeseable porque no tenga ningún fundamento real, sino porque funciona como simplificación y evita tener que buscar la explicación donde la insignificancia del ser humano se hace más patente.

5 de diciembre de 2008

L'étranger

-Qui aimes-tu le mieux, homme enigmatique, dis? Ton père, ta mère, ta soeur ou ton frère?
-Je n'ai ni père, ni mère, ni soeur, ni frère.
-Tes amis?
-Vous vous servez là d'une parole dont le sens m'est resté jusqu'à ce jour inconnu.
-Ta patrie?
-J'ignore sous quelle latitude elle est située.
-La beauté?
-Je l'aimerais volontiers, déesse et immortelle.
-L'or?
-Je le hais comme vous haïssez Dieu.
-Eh! Qu'aimes-tu donc, extraordinaire étranger?
-J'aime les nuages... les nuages qui passent... là-bas... là-bas... les merveilleux nuages!

Charles Baudelaire, Petits poèmes en prose, I (1869)

3 de diciembre de 2008

1 de diciembre de 2008

Todos hermanos

El propósito de igualación de las religiones se basa en un principio sumamente inteligible: hacer más ingenuos a los imbéciles y más imbéciles a los ingenuos.