8 de octubre de 2008

La postura incruenta

El nihilismo nunca ha matado a nadie; excepto, alguna vez, al propio nihilista. Las ideologías, en cambio, pueden alardear de una inacabable nómina de víctimas; he ahí la diferencia.
El nihilista sólo puede llegar a eliminarse a sí mismo, mientras que el idealista tiene ante sí todo un mundo de ideologías contrarias -incluidos los nihilistas y los escépticos, su verdadera bestia negra- a las que exterminar en nombre de su ideal.
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