18 de abril de 2008

La superioridad de la inteligencia

La predestinación y el determinismo, en cualquiera de sus formas, suponen una renuncia insoportable a la inteligencia; la intencionalidad, en cambio, a pesar de revestir en muchas ocasiones ciertas características que la hacen paradójica, tiene la ventaja de requerir un análisis racional, incluso en el caso de la vida humana. Más que considerar a ésta como resultado de una determinada ética general, o incluso condicionada por una ética específica, la historia perece mostrar que las diferencias con el resto de vidas, tomadas tanto la humana como las demás desde el punto de vista filogenético, son tan tenues que el concepto de superioridad es sumamente relativo.
Desde este punto de vista, una explicación biologizante parece más coherente que cualquier otra explicación alternativa, y el "fenómeno" vida, en general, y esto las incluye a todas, no sea más que un campo de batalla permanente que se rige por criterios estrictos de autoconservación. Así, en aquellas situaciones en las que se debe perpetuar la fuerza física como necesidad primaria, el más adaptado y con más posibilidades de supervivencia es el más poderoso; cuando de lo que se trata es de conservar un sistema de creencias, el que sobrevive es el más astuto; la superioridad de la especie humana se concreta, así, en la posibilidad de soslayar los casos anteriores y responder a las nuevas situaciones específicas, pero también a la fuerza o a la astucia, mediante la inteligencia.
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